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Una historia que contar a los nietos


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Por dónde empezar... El día se ha levantado con un buen sol y un O-SO ansioso por entrar a todo gas. Hemos preparado el Otari, un velero PUMA de casi 11 metros, para salir a navegar y correr la regata. El Patrón, Toni, nos ha explicado, a los nuevos de la tripulación, algunos detalles del barco y hemos zarpado. La idea era llegar sobre las once delante del C.N. Arenal, donde, a las doce se daba la salida.

Mientras navegábamos hacia el Arenal, el viento ha refrescado y se ha puesto en unos buenos 25 nudos, con rachas de 30. En el mar se ha montado una ola de metrazo en un instante. La regata se prometía movida. Ha ido pasando el tiempo y el comité ha anunciado "un minuto para el último minuto". Nervios. El Patrón ha decidido arriar el génova-1 y meter el 3. Había una buena rasca.

¡Salida!. Salimos zumbando. El barco es rápido, aunque llevamos poca tripulación y el contrapeso es demasiado bajo. En consecuencia, la escora es terrible. Damos un bordo, viramos y me pongo con Tomeu, mi brother, a hacer banda. Vamos muy bien colocados, puede que segundos o terceros. Llevamos 20 minutos de regata cuando se nos viene encima el desastre.

Suena una voz de "¡cuidado con la ola!". La proa se levanta y el barco da un pantocazo. Un seco braaaaum! nos hace girar la cabeza. La fijación a cubierta del obenque de babor se ha partido y el palo se ha ido a tomar por saco a sotavento. Se ha partido a 40 cms de la cubierta y ha caído al agua. Un momento de desconcierto. Luego voces de "¿todos bien?". Nadie está herido, pero poco ha faltado.

Hay que actuar rápido. En la radio alguien comunica un desconcertante "el Otari ha desarbolado, repito, ha desarbolado". Sacamos el génova del agua con tremendas dificultades. Pensad que todo esto ocurre con casi 30 nudos de viento y marejada. Y el barco se mueve como en una lavadora. Ante la dificultad de la situación y el estado de la mar, el Patrón decide fondear. Además, los acantilados de Cala Blava están cada vez más cerca. Me toca a mí bajar a la cabina a por el ancla, que está atada a la parte interior del mástil. Allí abajo todo es un desastre, las cosas vuelan por todos lados y las puertas de los camarotes dan portazos sin parar. Intento agarrarme a cualquier cosa y consigo llegar al ancla. Con una navaja libero los cabos y, poco a poco, voy sacándola. Mi hermano y Sebastià (otro tripulante) están en proa preparando el fondeo. El barco sigue moviéndose a saco. Me golpeo con la mesa de cartas, pero no siento nada.

Fondeamos. Un momento de descanso. Tomeu, al ser el tripulante con más experiencia, carga con casi todo el trabajo y está hecho polvo. Le observo un momento. "No puc baixar", me dice. Está tocado. El movimiento del barco pasa factura. Descansa un momento y se repone. Hay que seguir. Ahora hay que intentar poner el mástil sobre la cubierta. Lo intentamos de todas las maneras, pero es imposible. Finalmente, viene personal del CN a remolcarnos. El remolque es complicado por la ola que hay montada. Todos estamos bastante cansados, pero felices de estar intactos.

Por fin tierra. Bajamos a puerto y nos vamos a comer. Hay que tomárselo con filosofía. Después, con un toro, sacamos el mástil y lo colocamos en cubierta, haciéndolo firme con cabos. Plegamos las velas y dejamos todo en su sitio. Ya son las cinco de la tarde. ¡Vaya día!

Mi primera regata: viento de 20 a 25 nudos con rachas de 30. Olas de 1 a 1,5 metros. Barco desarbolado y toda la jarcia al agua... ¡Mis nietos escucharán una buena historia algún día!


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