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Lanzarote '05. Crónica del viaje.


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La globalización tiene efectos devastadores para los agricultores latinoamericanos. Afecta también al medio ambiente e inunda el mundo con guerras comerciales que se cobran muchas vidas. El 10% de la población mundial dispone del 90% de la riqueza y sólo sabe malgastarla… A nivel global, el mundo se va al carajo.

A nivel local, sin embargo, los efectos no son tan radicales. Son sutiles cambios de estilo de vida, pequeñas cesiones de poder, hurtos inocentes al respeto y al orgullo territorial. Son tan minúsculos que nadie les echa el ojo, pero son igualmente devastadores. Uno de estos efectos está en la industria turística. Lanzarote se ha vendido. La más bella de las Islas Canarias hoy no es más que una fea putilla de callejón. La belleza sigue en su interior, pero su exterior es nauseabundo. Se ha vendido al turismo masivo. Y ha firmado su sentencia de muerte.

Se que es un principio sorprendente, pero me ha apenado mucho ver el estado de la isla después de haber estado allí hace 10 años, cuando aún no hacía surf. Lanzarote ha cambiado. Y no para bien. Hoy es una isla perdida.

Pero vayamos a lo que importa… Después de un par de días, comprobamos que el verano es muy mala época para el surf. Los vientos alisios son constantes y soplan día y noche. Muy pocos spots escapan de su influencia y siempre encontrábamos las olas pasadísimas de viento. Por otro lado, es ideal para el windsurf. Hay mucha infraestructura de wind y todo son facilidades. Incluso durante nuestra estancia se celebró en Las Cucharas una prueba del Campeonato del Mundo.

Los reputados spots de surf de La Santa, San Juan, Cantería, Jameos, etc. nunca terminaron de funcionar. Famara era la única opción viable, aunque siempre con viento y poca calidad. Las mejores olas las encontramos en un pico poco frecuente, en Costa Teguise y en nuestro furtivo viaje a Fuerteventura. Definitivamente, Lanzarote es un lugar para el surf invernal.
En cuanto al windsurf, poco que decir. Viento y olas casi a diario. Tremendo nivel en el agua cuando estaban los pros de la Copa del Mundo y tremendas condiciones que se repitieron a menudo.

El viaje, día a día.

Día 1.
Llegamos el día anterior y el alisio saludó a nuestro avión con severos bandazos. Después de aterrizar recogimos el material y comprobamos que los maleteros no hubieran hecho de las suyas. Fuimos hasta Costa Teguise y dejamos todo en el apartamento. Dedicamos el resto del día a descansar del agotador viaje. Al día siguiente la mañana era limpia y soleada. El alisio estaba en F5Bft, constante. Decidimos dejar el windsurf para la tarde y probar el surf en un spot poco conflictivo: Famara. Al llegar, el viento estaba onshore, moderado y las olas eran de medio metro. Había tres escuelas de surf con sus respectivas tropas de alumnos haciendo footing por la playa, calentando los músculos. Pese a que nadie navegaba, decidí probar con el windsurf. El resultado fue bueno: sesión con 5’3 fuerte y olitas para surfear en backside y saltar de derechas. Navegué completamente solo entre el Risco de Famara y la famosa proa oxidada del barco hundido. El barco era un carguero de 60 metros que iba hasta los topes de cemento y encalló en una lastra, frente al pueblo de Caleta de Famara. Hoy en día alberga un ecosistema increíble de vida submarina. Sobre la superficie, en marea baja, apenas se ven unos metros de la proa.


(Caleta de Famara. Foto: PRF)

Después de comer, volvimos a Costa Teguise, donde estaba nuestra “base” y probamos suerte en la playa de Los Charcos. El viento era fuerte y sideoff. Como ya había hecho wind por la mañana, me apetecía coger unas pocas olas. Detrás del espigón de la izquierda de Los Charcos se veían unas espumas interesantes. Mientras me lo pensaba, por el paseo que bordea la playa pasaron dos corcheros locales. Los seguí con la vista hasta el espigón, desde donde saltaron al agua. “Hay olas surfeables”, pensé. Y para allá que fui. El pico rompía de izquierdas, desde detrás del espigón hasta el centro. Había mucho viento pero la orientación era buena. Las series eran olas altas como mis hombros, bastante huecas y rompían sobre piedras volcánicas plagadas de erizos. Me costó un poco acoplarme, pero conseguí pillar un par de buenas. Los corcheros se pusieron morados.

Día 2.
El alisio soplaba, Tiramos para el Norte, hacia Jameos del Agua. Pasamos por una zona de buenos spots, Punta Mujeres. Aquí están El Espino y El Cartel, pero ese día no rompían con calidad. Seguimos por la carretera hasta Jameos. En el famoso spot de windsurf y surf, había una buena ola con viento cruzado, pero las condiciones eran muy límite. El viento era escaso y la ola rompía abrupta y corta. Visitamos el interior del Jameo, con su lago natural repleto de cangrejos ciegos (aunque por más que buscamos no atinamos a ver uno).


(Jameos, viento flojo y ola pequeña. Foto:PRF)

Pasamos la mañana y volvimos a chequear Los Charcos. El viento había subido pero la marea estaba muy baja. Aún así, salí a navegar con 5’3. El viento era bueno, pero en el primer bordo me comí unas rocas que en marea alta no se veían. Los erizos se ensañaron con mi pie izquierdo y me dejaron cuatro profundos recuerdos. Aun así, la sesión fue buena, con viento suficiente y unas olitas de medio metro divertidas para surfear “de cara”. Al día siguiente fue divertido sacarse las púas con el único instrumental quirúrgico del que disponíamos: una navaja multiherramienta. Mi mujer intentó no hacerme daño, pero no lo consiguió (auggh!!).

Día 3.
Visitamos La Santa. No había olas pero el lugar destilaba surf potente. Cerca de las mejores rompientes (La Derecha, La Izquierda y El Quemao) algunas tiendas de campaña dejaban entrever que ahí se cocía algo. Hubiera sido bonito ver La Santa sacando todo su potencial, pero eso casi nunca ocurre en verano. De todos modos, ni loco me meto a surfear ahí. Los tiburones no nadan bajo el agua, reman sobre resplandecientes tablas de surf. El poder local es intocable.

El alisio subió considerablemente y decidimos tirar hacia Matagorda, el siguiente spot de windsurf veraniego de referencia. Es una playa de arena oscura, situada al lado del aeropuerto. Aquí el viento estaba bien, para 5 metros, pero apenas rompían olas. Era mejor opción probar de nuevo en Costa Teguise. Los Charcos estaba bien, para 5 metros y también sin olas. Lástima. Aún así, salí a navegar para estirar los músculos. Fue una sesión breve y no demasiado intensa.


(Entrando en Los Charcos. Foto: Joana)

Más tarde nos acercamos a la playa del Melià Salinas, para ver las finales de Freestyle de la prueba Worldcup. En la playa, cantidades industriales de material del 2006 que hubieran hecho las delicias de los más técnicos. Sorprendían especialmente las nuevas quillas de Freestyle, anchas y con poco calado. Entre los presentes: una gemela Ruano, Nayra Alonso, Kauli Seadi, Ricardo Campello, Matt Pritchard, Alexis Zabala, los hermanos Franks, etc, etc… todo un elenco de estrellas de Freestyle. Esta modalidad ha dado con una nueva generación de navegantes. Un puñado de adolescentes que, a base de elasticidad y poder de contorsión, hacen auténticas locuras en el agua. Se vieron algunas maniobras técnicamente imposibles, ejecutadas con tanta precisión y dinamismo, que parecían más fáciles que trasluchar. Es windsurf, pero parece otro deporte.

Día 4.
Amaneció nublado y con el alisio soplando con fuerza. Decidimos probar en un spot algo conflictivo, playa Cantería, en el Norte de la isla, cerca del pueblo de Órzola. Llegamos al pueblo y, siguiendo las indicaciones de un policía (“¿Vas a coger olas en Cantería?”, me dijo. “Ve con cuidado”), encontramos la pista de tierra que lleva hasta la playa. Allí encontramos las primeras miradas hostiles. Algunos grupos de surfers y corcheros estaban acampados en la orilla. Las olas eran de 1 metro, pero con un fuerte onshore que las destrozaba. Me debatí entre varias opciones: quedarse hasta que las condiciones mejorasen, meterse y a ver que pasa, largarse a por un sitio más desventado… Al resultar el ambiente tan poco amistoso, me decidí por la última.

Fuimos hacia Famara, cruzando las montañas que están al otro lado del Risco. Fuimos al Mirador del Río, pero nos aconsejaron no entrar, ya que las nubes tapaban toda la vista. El “Río” es el estrecho que separa la isla de Lanzarote de La Graciosa. Justo debajo del mirador (479 metros más abajo), está una playa con una de las mejores izquierdas del mundo. Para bajar, hay que andar 2 horas por un camino de tierra o llegar con un barco. Quedó para otra ocasión. En Famara, las olas de medio a un metro nos dieron la bienvenida. Algo tocadas de viento, pero no tanto como en Cantería. Una regular sesión de surf, en unas aguas increíblemente limpias.

Día 5.
El viento estaba consistente desde el amanecer. Fuerte y constante. Directos a Los Charcos. Viento para 4’5 y olas de 1 a 2 metros. El viento es completamente sideshore y la marea está en su punto óptimo. Las siguientes tres horas, fueron una de las mejores sesiones de windsurf de mi vida. Saltos y surf a partes iguales. El ambiente era excelente, compartiendo el spot con algunos pros de Copa del Mundo que se habían quedado en la isla tras la competición. Todo el mundo estaba relajado, pero los piques entre los tipos de Worldcup dieron un auténtico espectáculo. Una fusión entre olas y Freestyle que convertía todas las maniobras en auténticas obras de arte. Fueron momentos muy especiales. Realmente divertido.


(Los Charcos: olas, viento y mucho ambiente. Foto: Joana)


(Los Charcos, after windsurfing. Foto: Joana)

Por la noche, nuestro apartamento fue invadido literalmente por un ejército de cucarachas. En los días anteriores, habíamos matado algunas, pero siempre pensamos que venían de fuera, así que no nos preocupamos. Pero esa noche, encontramos un nido dentro del armario. Los putos insectos nos tuvieron toda la noche sin pegar ojo y comenzó una guerra que duró hasta el final del viaje. Nos gastamos más de 20 euros en insecticida, rociamos todos los rincones y aún así, el último día, encontramos a una de estas cabroncitas dando un paseo por la habitación. Las quejas en recepción dieron resultado y vinieron a sellar las grietas, pero las cucarachas son invencibles. Durante el viaje nos cargamos 35, pero seguro que en aquellos apartamentos vivían 35.000.

Día 6.
Fuerte alisio y olas considerables. No tan perfecto como el día anterior, pero muy bueno. Sin embargo, la noche sin dormir pasó factura y me ví incapaz de sacar fuerzas. Por la tarde visitamos Playa Blanca e hicimos algunas compras.

Día 7.
De nuevo buen alisio y olas de un metro en Los Charcos. Una buena sesión, compartida con unos pocos windsurfistas. A mediodía, el alisio empezó a hacer cosas raras. Se racheó, se puso caliente… Decidimos ir a Puerto del Carmen a relajarnos después de la sesión. El alisio estaba flojucho y, de repente, el viento roló 180º y se puso en F7Bft. Volaron arena, sombrillas, toallas… Duró 10 minutos. Volvió a rolar 180º y se quedó en F3Bft. Raro, raro, raro…


(Los Charcos, de nuevo buenas condiciones. Foto: Joana)

Día 8.
Seguía el alisio fuerte. En Los Charcos estaba para 4’5 y ya había algunos navegando cuando llegamos. Una buena sesión, fuerte de vela, aunque no había olas por ningún lado. En un bordo de vuelta, algo crujió dentro del cabezal de la botavara. Me la cargué, y van… buf! Un nuevo desembolso imprevisto.


(Los Charcos, y otra! Foto: Joana)

Día 9.
Fuimos de excursión a la isla vecina, a Fuerteventura. Cogimos el ferry en Playa Blanca y en 20 minutos nos plantamos con el coche cargado en Corralejo. El alisio estaba soplando y nuestro destino era el famoso spot de El Cotillo. Al llegar, el viento estaba racheado y flojo, pero las olas eran de buen tamaño. Fuimos al spot de surf que está bajo la pequeña fortaleza, frecuentado por los locales. Olas de medio a un cuerpo, con viento sideoff, fondo de arena con algunas rocas… perfecto. Las series entraban sin cesar y en el agua no había más de diez surfers. Fue una sesión memorable, con muy buen ambiente en el pico y olas muy divertidas. Se podía arriesgar sin miedo, ya que el fondo de arena era tranquilizador. Las pocas rocas sumergidas se veían con claridad. El agua era transparente como el cristal. Izquierdas y derechas, algunas bastante grandes (entraron varias series de cuerpo pasado) y un día soleado y fresquito. Fue perfecto.


(Entrando en El Cotillo. Foto: Joana)


(Las olas eran buenas. Foto: PRF)

Día 10.
El alisio parecía renqueante por primera vez en todo el viaje. Después de la sesión de surf del día anterior en Fuerteventura, el mar de fondo seguía activo. Fuimos a la zona Norte de la playa de Famara, donde el alisio entra más sideshore. Las olas eran consistentes, de un cuerpo y rompían en picos variables de izquierda y derecha. Apenas había otros cuatro o cinco surfers en el agua, pero los picos eran tantos y tan variados que podías surfear solo durante horas. Fue una buena sesión. “Clásica de aquí”, comentaron en el pico.


(Mis chicas preferidas, después de la sesión. Foto: PRF)

Día 11.
El alisio murió definitivamente. Surf pequeño en el Norte de Famara, el golpe de mar remitía rápidamente. La vuelta a casa ya comenzaba a rondar por nuestras cabezas y cada ola parecía la última. Remé hasta las babas más pequeñas intentado exprimir los últimos momentos. Salí del agua satisfecho, pero convencido de que se había acabado.


(Otras dos chicas en Famara, éstas para mis lectores. Foto: PRF)

Día 12.
Tal como sospeché, ni viento ni olas en este último día. Nos dedicamos a relajarnos y a intentar que la depresión no se apoderara de nosotros. “Que nos quiten lo bailao”. Por la tarde, empaquetamos todo y lo dejamos listo para el viaje del día siguiente.

Día 13.
Dejamos Lanzarote a las 11 de la mañana y, después de una escala en Madrid, llegamos a Palma, donde un calor sofocante y una atmósfera quieta, nos devolvió a la cruda realidad. En la mente, recuerdos imborrables y sensaciones profundas.

Los mejores momentos
Sesión de windsurf en Los Charcos. 4’7 fuerte y bastantes pros en el agua, relajándose después de la prueba del Campeonato del Mundo. Estoy en el bordo de vuelta hacia la playa. Una ola pasa por debajo de mí y rompe 100 metros más allá, tapando por completo el horizonte. Sólo se ve la temblorosa baluma de una velita de 4 metros llena de pegatinas de sponsors, que se dirige fullspeed hacia la pared. Un instante después, la proa de la tabla choca contra la ola y comienza un ascenso de 7 u 8 metros hacia el cielo, el piloto se contorsiona y saca un backloop perfecto, ralentizado y a una mano… Traslucho con los ojos como platos. Esta gente practica otro deporte.

Finales del Campeonato del Mundo. Miles de euros en material están esparcidos por la diminuta playa del Melià Salinas. Anuncian la siguiente manga, mientras los participantes de la actual salen del agua. Una de las gemelas Ruano salta a la playa con cara de pocos amigos intentado buscar un sitio para su material. Decenas de pares de ojos masculinos siguen sus movimientos… pero nadie se atreve a echarle una mano.

Seguimos en el Campeonato del Mundo. Una brasileña que compite en Freestyle pasea sus curvas por la arena. El bañador de hombre que lleva puesto desciende peligrosamente sacando a la luz el tatuaje tribal de rigor sobre su hermoso culito. De nuevo, decenas de pares de ojos masculinos siguen sus movimientos… todos maldicen por no poder echarle una mano… o dos.

Otra sesión en Los Charcos. Uno de los tipos de Hot Stick se sale en el agua. Voy detrás de él hacia la rompiente, a toda velocidad. Pasa por encima de la primera ola, que yo aprovecho para saltar: 4 o 5 metros de silencioso ascenso para caer de popa y hundirme hasta la cintura, salir a flote como un resorte y seguir planeando. El tipo aprovecha la siguiente ola: salta muy al largo, se acuesta sobre la vela y saca el cheeseroll más radical que he visto, desplazándose una decena de metros en horizontal para caer perfecto. Windsurf y windsurf.

Sesión de surf en El Cotillo, Fuerteventura. El agua es de color turquesa, fresca como la hierbabuena. El sol aprieta y las olas son consistentes y limpias, con viento sideoff. Hay una decena de surfers en el agua, todos sonrientes como niños en el recreo. Llega la serie, por fin izquierdas. La primera la coge un tipo canario que es todo músculo. La segunda es mía. La surfeo hasta la misma orilla. Allí me encuentro con el tipo, que me sonríe abiertamente. No hay más que decir. Estamos en el sitio y en el momento. La vida es bella. El surf es bueno…

Mal día en Famara. Las condiciones son difíciles. Olas babosas de dos palmos con viento onshore. La mayoría de surfers están en la arena, pasando de todo. Pero uno llega a toda prisa y se mete al agua con unas ganas de surf desconcertantes. Todos le miran sorprendidos, entre risitas incrédulas. El tipo llega al line-up y espera. Llega una ola de 50cms. La rema con todas sus fuerzas, hace el takeoff y empieza un repertorio de reentrazos que termina con un floater sobre la última sección. Silencio en la playa. En unos minutos, todos los que estaban en la arena, entran religiosamente al mar. Quizá las olas no son tan malas.

Buenas olas en un spot poco frecuente. Comparto las series con dos corcheros locales. Estoy remontando después de una buena ola cuando uno de ellos coge una izquierda perfecta. Se frena justo después del takeoff y se entuba… se entuba… se entuba… emerge unos segundos más tarde con una sonrisa elocuente y un grito de satisfacción.

El sol acaba de ponerse en Lanzarote. El alisio es fresco y constante. Las nubes bajas recorren el horizonte hechas jirones. La luz crepuscular le da al paisaje un aire de calma absoluta. Hoy las olas han sido buenas. Una expresión de serena felicidad inunda los rostros de los surfers. Observo la línea oscura del horizonte con un sentimiento de paz interior. Mi tabla descansa a mi lado, con líneas de salitre dibujadas en la carena. Mi mujer sale a buscarme a la terraza para ir a cenar. Está tan hermosa que no puedo evitar sonreír… Los días perfectos existen.


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