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Cabo Formentor


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Ayer sábado acompañé a mi hermano, su novia y la hermana de ésta, en una bonita singladura por la Costa Norte de Mallorca, en su velero Tinkerbell. Debíamos llevar el barco desde el Club Náutico de Santa Ponsa hasta la bahía de Pollensa, donde pasará el verano. Casi 70 millas de viaje, es decir, unas 12 horas. Zarpamos a las 6 de la mañana, con el sol aún por salir. El día amaneció tranquilo, con una calma absoluta que nos impedía navegar a vela. Los acantilados de la escarpada sierra mallorquina circulaban despacio a nuestro lado, mientras el velero avanzaba perezosamente milla tras milla.


(El Tinkerbell, proa al noreste, en la calma de la mañana. Foto: PRF/sesionesdesurf)

Cuando llevábamos 8 horas de viaje, mientras comíamos algo, entró un buen NE que nos permitió izar las velas. Como el viento venía en dirección contraria a nuestro rumbo, nos vimos obligados a ir dando bordos para ceñir y seguir hacia el noreste. A medida que ganábamos millas, el viento se reforzaba. El génova se escapó del stay y tuvimos que prescindir de él. A partir de ese momento, navegamos a motor y a vela, para ganar tiempo. El viento se endureció un poco más y la cosa se puso seria. La novia de mi hermano manejaba el timón con destreza, mientras él trimaba la mayor y miraba el horizonte con desconfianza. Discutimos la posibilidad de fondear al resguardo de la Cala San Vicente pero decidimos continuar. Después de otra hora el viento amainó un poco y pudimos relajarnos.


(El Cabo Formentor. Foto: C. Doswell)

Entonces alcanzamos a ver el Cabo Formentor, nuestro particular Cabo de Hornos, pues de doblarlo correctamente dependía el 90% de la travesía. Cuando ya estábamos cerca, el viento giró a Este y se endureció de nuevo, pero esta vez vino acompañando de olas de metro que levantaban la proa del Tinkerbell como si fuera de corcho. El faro del Cabo Formentor resplandeía en el sol de la tarde mientras nosotros, avanzábamos con dificultad entra las olas que chocaban con violencia en el fondo de los acantilados. Era hermoso y terrible a la vez. Yo iba a la caña y mi hermano seguía trimando la mayor. Todos íbamos en silencio, con el sonido del viento y de los rociones llenando todo el espacio. El agua del mar saltaba cada vez que la proa daba un pantocazo y llenaba la bañera. Todos sin excepción ibamos mojados de arriba abajo.

Después de una hora muy tensa, conseguimos doblar el cabo y entrar en la Bahía de Pollensa. Al cambiar de rumbo y poner dirección Oeste, dimos popa a las olas que ahora levantaban el Tinkerbell en volandas. El velero superó el cabo de La Fortaleza con elegancia, surfeando el mar que le entraba por la popa. Lo habíamos logrado. Las olas no nos siguieron al socaire del cabo y llegamos a la playa. Al final, fueron 14 horas de travesía y todos llegamos con los músculos hechos migas. Fue emocionante.


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